F e d e r i c o.
Resulta que, de ese viaje que hice, fueron amigos de mis amigos. Personas que ni sabía que vivían en la misma ciudad que yo, personas que no sabía que compartieron conmigo grandes recuerdos de mi vida, personas que me marcaron.
Una de ella fue él, mi primer verdadero amor, Federico. Es amigo de mi mejor amigo, cosa para mí totalmente desconocida. Nos conocimos en el hotel, yo estaba tan concentrada en pasarla bien, que no lo registre en ese primer momento. Fue él.
Me acuerdo perfectamente como comenzo todo. Yo estaba muerta del sueño ya que eran las cinco de la mañana, volviamos de una fiesta y una de mis compañeras de habitacion habia decidido cerrar con llave la puerta. Que suerte para mí, creo.
Por lo que decidi ir por algo de comer, en el centro de recreacion del hotel, donde mis amigos seguian con la fiesta. Estaba en el suelo, sobre la campera de uno de ellos, hablando con dos de mis amigos, cuando él apareció. Solo me miraba y se reía de mis comentarios, no opinaba por lo que asumí que era temido. Cuan equivocada estaba.
A la mañana siguiente, mi mejor amigo me separo del grupo y me comento que este chico desconocido me buscaba. Quería hablar conmigo y para ello necesitaba mi número, ya que tenía una fotografía mía que, según sus palabras, debía ver. Así que accedí, dije que sí, y solo eso basto para que una historia que nunca imaginé comience.
Hablamos una semana por celular hasta encontarnos cara a cara por primera vez. Vino a mi casa a pasar la tarde, dimos vueltas en su auto y nos despedimos. No hubo abrazos, ni besos, ni comentarios subidos de tono. Por una vez quería ir lento.
Y vaya que lo hicimos.
Le llevo dos meses de visitas diarias, de lunes a viernes a las seis de la tarde, más charlas sin sentido, mensajes a todo momento y salidas innecesarias para conseguir nuestro primer beso. Con el cual logró su cometido, enamorarme perdidamente.
Fue el primer chico que amé sinceramente, pensé que teníamos algo, aunque nunca lo aclaramos. Fue el primer chico en conocer mi familia, en entrar en mi casa, en concocer a mis amigas, en entrar a mi vida.
Pero a eso de mediados de noviembre nos distanciamos, yo había terminado la escuela y (sin querer) rompí mi celular, quedando incomunicada por un mes. Hasta que llego navidad, aunque me sabia su número de memoria (hasta el día de hoy) no quise hablarle.
Y justo llego el momento perfecto para despejar la mente. Con mis amigas planeamos unas vacaciones a la playa por diez días, más las vacaciones con mi familia me ocupó todo un mes fuera de mi casa. Todo un mes sin saber de él.
Hasta que por casualidades de la vida, un día común ya para mí, él volvió.
Habían llamado a la puerta de mi casa, y me llevé con la sorpresa de encontrarlo con ganas de hablar. Acepté, sin embargo, algo en mí había cambiado. Y como no, si después de haberme llenado de ilusiones, descubrí que no era la única como el juraba. Era una más del montón.
Él me juró que era mentira, me dijo que yo era la que cambió, la que no lo amaba. Y viendo sus lágrimas, volví a caer.
Continuamos con nuestra extraña relación por un tiempo más, hasta que ambos nos sacamos las máscaras y nos mostramos como en realidad somos.
Se convirtió en un gran amigo para mí, en alguien importante al que acudir. Pero él empezó a buscarme para una necesidad en específico. SEXO.
No le entregué mi virginidad, eso esta claro, pero si inicié mis experiencias sexuales con él. Así como empecé a ver que el mundo que yo fantaseaba en mi cabeza era solo eso, una fantasía.
Hoy en día puedo decirle que me afectó mucho. Fue como primera relación, aunque fuera mentira. Él siguió como si no hubiera pasado nada. Ahora estudia un profesorado y le deseo lo mejor.
No es una mala persona, es un chico confundido, para mí diría que hormonal. (Creo que me entienden).
Siempre me pregunto qué hubiera pasado si hubiéramos concretado, pero luego sé que sería el mismo final.
Fede, gracias por mostrarme lo que es amar a alguien, aunque no me enseñaste lo que es ser amado.
A.
No sos el único...
viernes, 26 de agosto de 2016
viernes, 19 de agosto de 2016
2 . 0 1 4, A g o s t o
L u c a s.
2.014, comienzo de mi último año de escuela, inicio de una nueva etapa.
Ya me había resignado a la búsqueda ridícula que mi yo más joven había iniciado, disfrutaba los momentos con mis amigos/as y familia, los pocos que no sabía que me quedaban.
No sé como será en otros lados, pero entre mis amigos habíamos organizados un viaje de curso. Algo que planeamos desde marzo. Deseábamos con ansias que llegara el mes de julio para irnos.
Al llegar a destino, aprovechamos los ochos dias de fiestas que nos planearon. Salíamos, bailábamos y reíamos a más no poder. Fue el mejor viaje que hice en mi vida.
Y como otro cliché más, encontré un chico en ese tiempo allá. Se llama Lucas, no vivía en mi ciudad (ni remotamente cerca) y eso parecía ser algo positivo, por lo menos por el momento.
En una de esas noches de fiestas, él se acercó a pedir un baile, una canción que llevo a todas las otras de la noche. Fue el inició de algo que no tenía planeado. Pero como dicen por ahí, solo disfruta el momento.
Después de unos besos, era hora de volver cada uno a su hotel, así que intercambiamos números y prometió estar en contacto. Cosa que cumplió.
Por el resto del viaje, coincidimos solo dos veces más, pero ello no evitó que creáramos un lazo que duro un año aproximadamente.
Me enteré que empezó una relación con una chica de su ciudad, hasta el día de hoy estaban juntos. Algo admirable para tan sólo dos jóvenes.
Me hubiera gustado ser ella, tener una historia así, estable y duradera.
A.
2.014, comienzo de mi último año de escuela, inicio de una nueva etapa.
Ya me había resignado a la búsqueda ridícula que mi yo más joven había iniciado, disfrutaba los momentos con mis amigos/as y familia, los pocos que no sabía que me quedaban.
No sé como será en otros lados, pero entre mis amigos habíamos organizados un viaje de curso. Algo que planeamos desde marzo. Deseábamos con ansias que llegara el mes de julio para irnos.
Al llegar a destino, aprovechamos los ochos dias de fiestas que nos planearon. Salíamos, bailábamos y reíamos a más no poder. Fue el mejor viaje que hice en mi vida.
Y como otro cliché más, encontré un chico en ese tiempo allá. Se llama Lucas, no vivía en mi ciudad (ni remotamente cerca) y eso parecía ser algo positivo, por lo menos por el momento.
En una de esas noches de fiestas, él se acercó a pedir un baile, una canción que llevo a todas las otras de la noche. Fue el inició de algo que no tenía planeado. Pero como dicen por ahí, solo disfruta el momento.
Después de unos besos, era hora de volver cada uno a su hotel, así que intercambiamos números y prometió estar en contacto. Cosa que cumplió.
Por el resto del viaje, coincidimos solo dos veces más, pero ello no evitó que creáramos un lazo que duro un año aproximadamente.
Me enteré que empezó una relación con una chica de su ciudad, hasta el día de hoy estaban juntos. Algo admirable para tan sólo dos jóvenes.
Me hubiera gustado ser ella, tener una historia así, estable y duradera.
A.
viernes, 12 de agosto de 2016
2 . 0 1 3
En realidad, no tengo claro qué pasó este año.
Mi mente hizo como un bloqueo de lo ocurrido y solo tengo una laguna mental.
Me gustaría que alguien me ayude a averiguarlo, pero qué pensarán si les preguntó.
Mejor, lo olvidado no recordar.
A.
Mi mente hizo como un bloqueo de lo ocurrido y solo tengo una laguna mental.
Me gustaría que alguien me ayude a averiguarlo, pero qué pensarán si les preguntó.
Mejor, lo olvidado no recordar.
A.
viernes, 5 de agosto de 2016
2 . 0 1 2, N o v i e m b r e
E n z o.
Sé lo que pensarás, ¿no pasaron ni dos meses y ya te vuelves a involucrar con otro?
Pues sí, ese primer encuentro me marcó. Por lo que en los siguientes momentos amorosos de mi vida decidí dejarme llevar y no pensar. Capaz así me iba bien, capaz así encontraba lo que buscaba.
Este encuentro fue diferente. Sólo fue un flash.
Estabamos en una fiesta (sí, otra vez) y mis amigos habían invitado a los jugadores del equipo visitante de rugby. Imagínate como actuábamos las chicas, completamente locas por ellos.
En un momento dado de la noche, se me acerca uno de mis mejores amigos y me lo presenta a él, Enzo: dieciseís años, jugador de rugby, vivía a tres horas de mi ciudad. En otras paalabras, algo imposible para una joven de quince años que pesaba más de lo que debería y no había tenido una buena experiencia en su primer beso.
Al principio pensé que se trataba de un juego entre ellos y yo era un elemento más, pero con el paso de las canciones, la charla y el alcohol, terminamos sentados perdiendonos en el otro. Exacto, fue algo de una vez.
Con lo que no contaba era que él me buscará por las redes sociales y nos convirtieramos de conocidos a amigos en tan poco tiempo. Nos entendiamos, de verdad, pero ninguno de los dos nos encontrabamos en la necesidad de una relacion. Además, a distancia es casi imposible.
Por unos meses tuvimos una relacion de amigos genial, pero como el tiempo lo demanda, nos fuimos separando. Hoy en dia solo se que pudo finalizar los estudios en la secundaria y comenzar su carrera hacia la medicina. De verdad, le deseo lo mejor, se lo merece.
En fin, fue una de los pocos encuentros que tuvieron un desenlace agradable, por lo menos para mí.
A.
Sé lo que pensarás, ¿no pasaron ni dos meses y ya te vuelves a involucrar con otro?
Pues sí, ese primer encuentro me marcó. Por lo que en los siguientes momentos amorosos de mi vida decidí dejarme llevar y no pensar. Capaz así me iba bien, capaz así encontraba lo que buscaba.
Este encuentro fue diferente. Sólo fue un flash.
Estabamos en una fiesta (sí, otra vez) y mis amigos habían invitado a los jugadores del equipo visitante de rugby. Imagínate como actuábamos las chicas, completamente locas por ellos.
En un momento dado de la noche, se me acerca uno de mis mejores amigos y me lo presenta a él, Enzo: dieciseís años, jugador de rugby, vivía a tres horas de mi ciudad. En otras paalabras, algo imposible para una joven de quince años que pesaba más de lo que debería y no había tenido una buena experiencia en su primer beso.
Al principio pensé que se trataba de un juego entre ellos y yo era un elemento más, pero con el paso de las canciones, la charla y el alcohol, terminamos sentados perdiendonos en el otro. Exacto, fue algo de una vez.
Con lo que no contaba era que él me buscará por las redes sociales y nos convirtieramos de conocidos a amigos en tan poco tiempo. Nos entendiamos, de verdad, pero ninguno de los dos nos encontrabamos en la necesidad de una relacion. Además, a distancia es casi imposible.
Por unos meses tuvimos una relacion de amigos genial, pero como el tiempo lo demanda, nos fuimos separando. Hoy en dia solo se que pudo finalizar los estudios en la secundaria y comenzar su carrera hacia la medicina. De verdad, le deseo lo mejor, se lo merece.
En fin, fue una de los pocos encuentros que tuvieron un desenlace agradable, por lo menos para mí.
A.
viernes, 29 de julio de 2016
2 . 0 1 2, A b r i l
E x e q u i e l.
Apenas tenía quince años, estaba comenzando la etapa hormonal adolescente. Veía como la mayoría de mis amigos se comportaban de forma diferente: cambio de cuerpo (nuevo busto, nueva cola), cambio de voz (un poco más aguda o gruesa), aparición de vellos (los tan molestos para nosotras, los tan ansiados para ellos), nuevas hormonas (prenatales o de crecimiento), nuevos pensamientos.
Adiós a querer juntarnos a comer, hola a querer juntarnos a tomar (aunque con una sola cerveza ya me sentía mal, no sé tolerar el alcohol).
Adiós a las salidas al cine o juntadas en alguna casa (el cine era mi paraíso), hola a las salidas a fiestas o antros/clubs/boliches (increíble que con tan sólo quince años me permitieran entrar gratis sin pedir mi identificación, que gran sociedad en la que vivimos).
Adiós a los pensamientos infantiles (me quiere o no me quiere), hola a los pensamientos "adolescentes" (¿me veo bien?, ¿querrá algo conmigo?, ¿aunque sea algo de una noche).
Lo que me lleva al final,
Adiós a las aventuras de siempre (bromas entre los amigos, escapadas a lo de los abuelos), hola a las aventuras excitantes (sexo, drogas, alcohol).
En el comienzo de esta etapa me aventuré por primera vez a lo que conocemos (en la sociedad de hoy) como adolescencia:
Solo habían pasado siete meses desde mi cumpleaños, fue el primer año en el que comencé la vida adolescente. Me invitaban a fiestas, tomaba con mis amigos, hablaba con chicos. La "típica" vida adolescente. Hasta que lo conocí a él.
Fue a través de una red social muy común, me la había creado una amiga y no me acuerdo cómo termino él entre mis contactos. No agregaba a nadie que no conociera, mi madre me ha enseñado muy bien los peligros de internet.
Empezamos hablando de lo común: ella de la escuela, él del trabajo. Ella de sus amigas, él emocionado por sus amistades. Ella de sus salidas, él interesado por los lugares. Pero nunca hablamos de nuestras vidas en sí. Sólo sabía su nombre, su edad, su ocupación y sus gustos.
Exequiel, de veintiún años de edad, militar del batallón de la ciudad. ¿Qué hacía alguien como él, todo un hombre ya, hablando con una joven como yo? Para mí, era como una puerta hacía lo que andaba buscando: el amor. Típico, la idiota de mí pensando en el amor con un hombre seis años más grande. ¿Tan ciega era?
Pasaron tres meses, nunca le conté a mi familia, me matarían si se enteraban. Pero era el momento que esperaba, el momento de conocernos.
Fue a la vuelta de mi casa, un miércoles. Volvimos con mis amigas de la escuela, queríamos tomar algo y, y quería verlo aunque sea una vez. Me ofrecí para ir a comprar y, a escondidas vernos. Él me esperaría en la esquina de la tienda, había sido que vivía cerca. Que suerte para mí.
Nos vimos ese miércoles a las cinco de la tarde por primera vez, solo hablamos unos minutos, y como despedida, nos abrazamos. Es que, ¿qué iba a hacer yo? Nunca había hablado con un chico de forma romántica, nunca había (hasta ese momento) un chico interesado en mí, nunca me había sentido así.
Pero para poder vernos otra vez tuvimos que esperar la oportunidad. La fiesta de los fines de semanas. Y ahí abrí mis ojos.
Mis amigas no sabían nada, fuimos a la fiesta como cualquier otra. Estábamos divirtiéndonos hasta que me llegó ese mensaje: Estoy afuera.
Salí de lo más feliz, les dije que me esperaran adentro, que sólo iba al baño. Y ahí lo vi. Estaba a mitad de calle sobre su moto, buscándome, esperándome. Lo sé, el típico cliché.
Fuimos a su casa, íbamos a ver una película y tomar helado, y yo como una joven entusiasmada, le creí.
Llegamos a su habitación, vivía junto con algunos compañeros, por lo que teníamos que ir allí para tener privacidad. Hablamos un rato y veíamos la película hasta que el momento llegó. El momento de mi primer beso.
Sin embargo, no fue como lo planeé. No fue el beso tierno y delicado que anhelaba, fue el beso rudo y apasionado que él necesitaba. Fue un beso que me dió a entender porqué él me buscaba. Fue el beso el que me ayudó a caer en la realidad.
Mientras esto ocurría en mi mente, él aprovechó la oportunidad y me vi en la situación que no quería. Estaba a solo unos minutos de tener relaciones con él, de no ser que pude decir la palabra de salvación: NO.
Y aquí quiero aclarar algo, no me violó, no abusó de mí, pero yo me sentí así. Era la primera vez que confiaba en un hombre, pero no me tomé el tiempo en averiguar quién era él.
Así fue primer acercamiento al amor, así fue mi primer beso.
Y hoy, ese significó el primer paso a lo que ocurriría cuatro años después...
A.
Apenas tenía quince años, estaba comenzando la etapa hormonal adolescente. Veía como la mayoría de mis amigos se comportaban de forma diferente: cambio de cuerpo (nuevo busto, nueva cola), cambio de voz (un poco más aguda o gruesa), aparición de vellos (los tan molestos para nosotras, los tan ansiados para ellos), nuevas hormonas (prenatales o de crecimiento), nuevos pensamientos.
Adiós a querer juntarnos a comer, hola a querer juntarnos a tomar (aunque con una sola cerveza ya me sentía mal, no sé tolerar el alcohol).
Adiós a las salidas al cine o juntadas en alguna casa (el cine era mi paraíso), hola a las salidas a fiestas o antros/clubs/boliches (increíble que con tan sólo quince años me permitieran entrar gratis sin pedir mi identificación, que gran sociedad en la que vivimos).
Adiós a los pensamientos infantiles (me quiere o no me quiere), hola a los pensamientos "adolescentes" (¿me veo bien?, ¿querrá algo conmigo?, ¿aunque sea algo de una noche).
Lo que me lleva al final,
Adiós a las aventuras de siempre (bromas entre los amigos, escapadas a lo de los abuelos), hola a las aventuras excitantes (sexo, drogas, alcohol).
En el comienzo de esta etapa me aventuré por primera vez a lo que conocemos (en la sociedad de hoy) como adolescencia:
Solo habían pasado siete meses desde mi cumpleaños, fue el primer año en el que comencé la vida adolescente. Me invitaban a fiestas, tomaba con mis amigos, hablaba con chicos. La "típica" vida adolescente. Hasta que lo conocí a él.
Fue a través de una red social muy común, me la había creado una amiga y no me acuerdo cómo termino él entre mis contactos. No agregaba a nadie que no conociera, mi madre me ha enseñado muy bien los peligros de internet.
Empezamos hablando de lo común: ella de la escuela, él del trabajo. Ella de sus amigas, él emocionado por sus amistades. Ella de sus salidas, él interesado por los lugares. Pero nunca hablamos de nuestras vidas en sí. Sólo sabía su nombre, su edad, su ocupación y sus gustos.
Exequiel, de veintiún años de edad, militar del batallón de la ciudad. ¿Qué hacía alguien como él, todo un hombre ya, hablando con una joven como yo? Para mí, era como una puerta hacía lo que andaba buscando: el amor. Típico, la idiota de mí pensando en el amor con un hombre seis años más grande. ¿Tan ciega era?
Pasaron tres meses, nunca le conté a mi familia, me matarían si se enteraban. Pero era el momento que esperaba, el momento de conocernos.
Fue a la vuelta de mi casa, un miércoles. Volvimos con mis amigas de la escuela, queríamos tomar algo y, y quería verlo aunque sea una vez. Me ofrecí para ir a comprar y, a escondidas vernos. Él me esperaría en la esquina de la tienda, había sido que vivía cerca. Que suerte para mí.
Nos vimos ese miércoles a las cinco de la tarde por primera vez, solo hablamos unos minutos, y como despedida, nos abrazamos. Es que, ¿qué iba a hacer yo? Nunca había hablado con un chico de forma romántica, nunca había (hasta ese momento) un chico interesado en mí, nunca me había sentido así.
Pero para poder vernos otra vez tuvimos que esperar la oportunidad. La fiesta de los fines de semanas. Y ahí abrí mis ojos.
Mis amigas no sabían nada, fuimos a la fiesta como cualquier otra. Estábamos divirtiéndonos hasta que me llegó ese mensaje: Estoy afuera.
Salí de lo más feliz, les dije que me esperaran adentro, que sólo iba al baño. Y ahí lo vi. Estaba a mitad de calle sobre su moto, buscándome, esperándome. Lo sé, el típico cliché.
Fuimos a su casa, íbamos a ver una película y tomar helado, y yo como una joven entusiasmada, le creí.
Llegamos a su habitación, vivía junto con algunos compañeros, por lo que teníamos que ir allí para tener privacidad. Hablamos un rato y veíamos la película hasta que el momento llegó. El momento de mi primer beso.
Sin embargo, no fue como lo planeé. No fue el beso tierno y delicado que anhelaba, fue el beso rudo y apasionado que él necesitaba. Fue un beso que me dió a entender porqué él me buscaba. Fue el beso el que me ayudó a caer en la realidad.
Mientras esto ocurría en mi mente, él aprovechó la oportunidad y me vi en la situación que no quería. Estaba a solo unos minutos de tener relaciones con él, de no ser que pude decir la palabra de salvación: NO.
Y aquí quiero aclarar algo, no me violó, no abusó de mí, pero yo me sentí así. Era la primera vez que confiaba en un hombre, pero no me tomé el tiempo en averiguar quién era él.
Así fue primer acercamiento al amor, así fue mi primer beso.
Y hoy, ese significó el primer paso a lo que ocurriría cuatro años después...
A.
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